Perspectiva Histórica

La Gruta do Carvão [Cueva del Carbón], con sus diferentes tramos y denominaciones, es conocida desde tiempos antiguos y ha sido objeto de innumerables referencias por parte de historiadores e investigadores de diversas áreas.

En el siglo XVI, el cronista Gaspar Frutuoso, al describir el litoral de Ponta Delgada en su libro IV de las “Saudades da Terra”, refiere la existencia de túneles volcánicos en la zona de poniente de Ponta Delgada: “Más allá, a poco espacio de la Fortaleza (de S. Braz), para el oeste, hay una punta llamada Punta de los Algares, porque salen allí dos con sus bocas, por dentro de las cuales se anda largo camino por debajo de tierra, por cuyo vano parece que corrió río de piedra de escoria, en otro tiempo, ni sabido ni visto”.

En 1821, John White Webster menciona la existencia de una gruta en la zona de Arrifes, que podría corresponder al prolongamiento hacia arriba de la Gruta do Carvão, pero actualmente inaccesible: “Habiendo llegado a un campo, cerca de tres a cuatro millas al noroeste de Ponta Delgada, descubrimos la entrada para las cavernas, que es una grieta en las rocas, que en este lugar tiene apenas unos pocos pies de altura, y que es lo suficientemente ancha para permitir el paso de dos personas hombro con hombro (…) y pronto nos encontramos en un lugar espacioso, cuyo suelo estaba lleno de enormes fragmentos de lava, que habían caído de arriba, y que hacían nuestra marcha difícil y un tanto peligrosa”. Las descripciones de Webster revelan magníficos detalles del interior de esa cavidad volcánica, nunca más observados, quizás perdidos para siempre: “(…) del techo pendían estalactitas de lava, aspecto éste enormemente interesante, y que ampliamente recompensaba del peligro y dificultades que encontré (…) Donde el suelo y el techo se aproximaban uno a otro, a una distancia de uno a dos pies al final de la caverna, podíamos distinguir las estalactitas tocándose una a otra, pero en ninguna otra parte vimos nada semejante”.

En 1860, George Hartung se refirió a esta gruta, describiendo su tramo inferior, en la zona de poniente de la ciudad de Ponta Delgada: “galería subterránea (…) a la que se baja a través de una abertura existente en los terrenos de Sta. Clara, recorre una extensión de 810 pies en dirección a la costa bifurcándose a mitad de camino”.

La Gruta do Carvão recibió también la designación de Gruta de la Calle Formosa, actualmente designada como Calle de Lisboa, donde se sitúan los antiguos secaderos de la Fábrica de Tabaco Micaelense, según los elementos proporcionados por Ernesto do Canto en 1881: “En un terreno situado en la Calle Formosa en Ponta Delgada, existe una de estas cueva con algunos kilómetros de extensión y muy digno de ser visitado”.

Ernesto do Canto, en sus escritos de 1902, describe el modo de formación de las grutas lávicas como “galerías subterráneas de dimensiones variadas, producidas por las corrientes de lava, que descendiendo de las montañas y corriendo por las depresiones del terreno se congelaron exteriormente, revistiéndose de una capa de piedra”. Como se “conservaron líquidas en la parte interna, continuaron corriendo dentro de aquella especie de tubo, no conductor del calor, hasta que, deteniéndose en su origen y continuando su masa interna el descenso, dejaron un vacío que constituye las grutas”.

Gruta de la Calle Formosa (o de la Calle de Lisboa – secaderos de tabaco), en Ponta Delgada, según Carreiro da Costa.

Walter Frederic Walker, miembro de la Royal Geographical Society, de la Society of Biblical Archeology y de otras instituciones de carácter científico, en su libro “The Azores or Western Islands”, publicado en 1886, hace una descripción minuciosa de la gruta: “(…) Cerca de la entrada, la gruta del norte tiene por lo menos 20 pies de altura y 30 pies de anchura, con el piso perfectamente nivelado y si fuese debidamente explorada probablemente se descubriría que se une a otra galería, cuya entrada está situada en un jardín perteneciente al Sr. Brander, en el Foral do Carvão, y si así fuese, se extendería por varias millas (…). Colgando (del techo) se ven “agujas de lava de todos los tamaños pareciendo como si una súbita ráfaga helada hubiese enfriado las gotas incandescentes que caían”, y da una explicación para la formación de las grutas en regiones volcánicas, según la teoría de Charles Lyell: “fueron producidas por el endurecimiento de la lava durante el escape de grandes volúmenes de fluidos elásticos que son frecuentemente expelidos, durante muchos dias seguidos después de acabar la crisis eruptiva”.

Otro viajante que dejó sus impresiones acerca de la gruta fue Emygdio da Silva, en su opúsculo “S. Miguel em 1893”, que consideró la gruta como “(…) el más notable de los túneles volcánicos de las Azores (…), el túnel de Ponta Delgada tiene más de un kilómetro de extensión conocida, desemboca en el mar después de atravesar inferiormente la fábrica de alcohol de Santa Clara, vinendo en la dirección norte-sur (…).  A 250 ó 300 metros de la entrada, que queda en un terreno de la Calle Formosa, propiedad del Sr. Dr. Caetano d’Andrade Albuquerque, el ensanche de la sección es notable y como éste reina en una extensión no inferior a 60 metros, el aspecto de la vasta galería (…) nos produjo una sensación inenarrable, a pesar de que ya habíamos recorrido a pie y en diferentes fases de construcción, un buen número de subterráneos de cierta importancia”.

En una carta enviada al Diario de Noticias de Lisboa a finales del siglo XIX, Emygdio da Silva relata una visita a la Gruta do Carvão en compañía del Coronel Afonso Chaves, iluminada por la “luz mágica del magnésio: La bóveda del túnel, de la que pendían gruesas y negras estalactitas, las paredes laterales que se diría dispuestas con pasamanos muy moldeados y que marcan el tiempo de las paradas que la lava tuvo en su movimiento progresivo, las bocas de las pequeñas galerías que comunican (…), el suelo irregular de una dureza vítrea, como la del Atrio del Caballo, en el Vesuvio, todo esto bañado por la luz deslumbrante del magnesio, constituye uno de los espectáculos más conmovedores y más grandiosos que Dante ciertamente no rechazaría para hacer pasar alguna escena de su Infierno.”

Manuel Jacinto Andrade, en un artículo del diario Açoriano Oriental da a conocer que “En 1954, procediéndose en el jardín de una casa por encima del Bom Despacho, en el camino para Arrifes, a una excavación para los efectos de una fosa, depararon los obreros, a unos escasos 3 metros de profundidad, con una losa volcánica que, una vez golpeada con escoplo, acabó por partirse con facilidad. Vieron entonces los mismos obreros que la abertura daba para una caverna. Bajando a ésta mediante una escalera, acabarían descubriendo una enorme gruta dirigida en sentido norte-sur. Se trata de una enorme arteria subterránea de cerca de 7 metros de anchura por 4 a 5 en su mayor altura, mostrándose las respectivas paredes de materiales volcánicos de color negro y el techo lleno de estalactitas. En la extremidad norte, a treinta o cuarenta metros del lugar de bajada, se abría una enorme plaza que debería tener sus veinte a treinta metros de diámetro. Para el lado sur, el algar descendía con dimensiones de buena practicabilidad, pareciendo que para ese lado la galería presentaba una longitud mucho mayor que para el lado norte. ¿Tendría esta cueva alguna relación con la Gruta do Carvão? No fue posible saberlo porque, poco tiempo después, el propietario del jardín tapaba la referida abertura y se supone que acabó por hacer de la cavidad vertedero de las aguas y de las suciedades para que deseaba la fosa. Las obras para la construcción del aeropuerto de Nordela revelaron la existencia de más cuevas en la región noroeste de Ponta Delgada, dándonos a saber que, en tiempos inmemoriales, las lavas de los volcanes anduvieron por allí abriendo extensas galerías subterráneas”.

William Halliday, miembro de la Western Speleological Survey de los Estados Unidos da América, que visitó las Azores en 1980, se refiere también a la Gruta do Carvão en los siguientes términos: “(…) pasada la parte baja, la gruta se vuelve más amplia y tiene características que muestran la forma en que la lava corrió a través de ella (…). Con apenas un poco de trabajo sería posible reabrir y ampliar una de las dos entradas (ahora cerradas) para que los visitantes y estudiantes comprendiesen cómo vuestra bella isla se formó (…). En mi opinión, la longitud de la gruta es de cerca de 400 metros hasta la obstrucción final”. En un trabajo fechado en 1981, Halliday menciona la existencia de una gruta cuya entrada quedaba próxima del cuartel militar de la barriada de Arrifes.